La seguridad de un avión se basa, entre otros factores, en la redundancia: muchos de sus sistemas fundamentales cuentan con dos o más equipos, circuitos o fuentes capaces de realizar una misma función. El objetivo es que una falla no provoque la pérdida de una función esencial y que la aeronave pueda continuar el vuelo o aterrizar de manera segura.
Un ejemplo muy visible son los motores. Los aviones comerciales suelen tener dos, tres o cuatro motores, pero están diseñados para poder continuar el vuelo y realizar un aterrizaje incluso si uno de ellos deja de funcionar. Los sistemas de alimentación de combustible también están divididos en distintos circuitos y depósitos para evitar que una única falla deje sin combustible a todos los motores.
Los sistemas eléctricos también cuentan con redundancia. Un avión comercial dispone normalmente de varios generadores, asociados a los motores y, en muchos casos, a la APU. Si un generador falla, otros pueden asumir parte o toda la carga necesaria. Además, existen baterías y sistemas de emergencia destinados a mantener funcionando los equipos esenciales.
La navegación y las comunicaciones son otro ejemplo. Los aviones cuentan con más de un sistema o equipo para determinar su posición, seguir una ruta y mantener comunicación con el control de tránsito aéreo. De esta manera, la falla de un instrumento no significa necesariamente que la tripulación pierda la capacidad de orientarse o comunicarse.
También existe redundancia en los instrumentos de vuelo. La información sobre velocidad, altitud, rumbo y actitud de la aeronave puede proceder de diferentes sensores y sistemas. Los aviones modernos comparan esas informaciones para detectar posibles errores. En la cabina, además, el comandante y el copiloto disponen de instrumentos que permiten controlar el avión de manera independiente si alguno de los equipos presenta una falla.
El sistema hidráulico constituye otro caso importante. En numerosos aviones existen dos o más circuitos hidráulicos independientes que accionan elementos como los controles de vuelo, el tren de aterrizaje y los frenos. Si un circuito pierde presión, otro puede continuar proporcionando energía a las funciones necesarias.
Incluso los controles de vuelo están diseñados con distintos niveles de respaldo. Dependiendo del modelo de avión, pueden existir varios sistemas independientes, de modo que una falla en un componente, una computadora o un circuito no implique automáticamente la pérdida del control de la aeronave.
La redundancia no significa que todos los sistemas sean idénticos o que haya simplemente una segunda pieza esperando a que falle la primera. En muchos casos existen varias fuentes de energía, circuitos independientes, computadoras que se controlan entre sí y procedimientos que permiten aislar una avería. Todo este diseño responde a un principio fundamental de la aviación: una sola falla no debe ser capaz de provocar la pérdida de la aeronave.


