El sistema eléctrico de un avión es el conjunto de equipos que genera, transforma, distribuye y controla la energía necesaria para hacer funcionar buena parte de sus sistemas. Alimenta elementos fundamentales como los instrumentos de vuelo, las comunicaciones, la iluminación de la cabina, los sistemas de navegación, las bombas, los equipos de climatización y numerosos dispositivos electrónicos. En los aviones modernos, la electricidad tiene además un papel cada vez más importante en sistemas que tradicionalmente utilizaban mecanismos hidráulicos o neumáticos.
La principal fuente de electricidad durante el vuelo son los generadores accionados por los motores. En un avión comercial suelen existir varios generadores, normalmente uno o más asociados a cada motor, que producen corriente eléctrica mientras los motores están funcionando. La energía generada no siempre tiene directamente las características que necesitan todos los equipos, por lo que pasa por sistemas de control, protección y conversión que permiten obtener diferentes tipos de alimentación eléctrica.
Cuando el avión está en tierra y los motores están apagados, la electricidad puede proceder de una fuente externa conectada al avión en el aeropuerto. También puede utilizarse la APU (Auxiliary Power Unit), una pequeña turbina instalada generalmente en la parte trasera del fuselaje. La APU puede accionar un generador y proporcionar electricidad al avión, además de suministrar otros servicios necesarios antes del arranque de los motores.
El sistema también cuenta con baterías, que constituyen una fuente independiente de energía. Su función es especialmente importante durante el arranque, ante determinadas fallas eléctricas y para mantener alimentados equipos esenciales durante una emergencia. En algunos aviones existen además fuentes de emergencia, como generadores específicos o sistemas capaces de obtener energía de la corriente de aire cuando se produce una situación crítica.
La electricidad generada se distribuye a través de redes y paneles eléctricos hacia los distintos sistemas del avión. Estos circuitos incorporan protecciones para detectar sobrecargas, cortocircuitos u otras anomalías y aislar el sector afectado. Además, el sistema está diseñado con distintos niveles de redundancia: si falla una fuente de energía o una parte de la red, otras pueden asumir determinadas funciones para mantener operativos los sistemas esenciales.
En términos generales, el recorrido de la energía puede resumirse así: un generador produce electricidad, los sistemas de control la regulan y distribuyen, y finalmente los distintos equipos del avión la utilizan. La combinación de generadores principales, APU, baterías, fuentes externas y sistemas de emergencia permite que un avión disponga de energía eléctrica tanto durante las operaciones normales como frente a posibles fallas.
La electricidad es, por lo tanto, uno de los elementos fundamentales de la aeronave moderna. Sin ella no funcionarían numerosos sistemas indispensables para la navegación, las comunicaciones, el control del avión y el confort de los pasajeros. Por eso, el diseño del sistema eléctrico contempla múltiples protecciones y fuentes alternativas para garantizar que las funciones críticas continúen disponibles incluso cuando se produce una falla.


