La turbina o motor de reacción es el sistema que genera la potencia necesaria para impulsar un avión. Aunque habitualmente se habla de “turbina” para referirse a todo el motor, técnicamente la turbina es solo una de sus partes. En los aviones comerciales modernos se utilizan principalmente motores turbofán, que combinan una gran corriente de aire que pasa alrededor del núcleo del motor con otra que atraviesa su interior.
El funcionamiento comienza en la parte delantera del motor. Un gran ventilador, llamado fan, aspira una enorme cantidad de aire mientras el avión avanza. Una parte de ese aire entra en el núcleo del motor y otra parte circula por el exterior de ese núcleo. En los motores turbofán actuales, esta segunda corriente de aire aporta una parte muy importante del empuje y contribuye a que el motor sea más eficiente y silencioso.
El aire que ingresa al núcleo pasa primero por el compresor, formado por varias etapas de álabes que giran a gran velocidad. Su función es comprimir el aire y aumentar considerablemente su presión antes de enviarlo a la cámara de combustión.
En la cámara de combustión se inyecta combustible, que se mezcla con el aire comprimido y se enciende. La combustión produce gases a temperaturas y presiones muy elevadas que se expanden violentamente y avanzan hacia la parte posterior del motor.
Antes de salir, esos gases atraviesan la turbina propiamente dicha. La energía de los gases hace girar sus álabes y ese movimiento se transmite mediante ejes al compresor y al fan delantero. De esta manera, una parte de la energía generada por la combustión mantiene funcionando al propio motor.
Finalmente, los gases salen por la tobera a gran velocidad hacia la parte posterior. Al mismo tiempo, el aire que circuló alrededor del núcleo también es acelerado por el fan. La expulsión de estas masas de aire hacia atrás genera una fuerza en sentido contrario que impulsa al avión hacia adelante, de acuerdo con el principio de acción y reacción.
Una característica fundamental de los motores turbofán modernos es que no dependen únicamente de la velocidad de los gases de escape para producir empuje. El gran fan delantero mueve una enorme masa de aire a una velocidad relativamente menor, lo que permite obtener un funcionamiento más eficiente, especialmente en los vuelos comerciales de larga distancia.
En resumen, un motor de reacción transforma la energía química del combustible en energía mecánica y, finalmente, en empuje. El proceso puede resumirse en cuatro etapas principales: el aire es aspirado y comprimido, se mezcla con combustible y se quema, los gases hacen girar la turbina y finalmente son expulsados hacia atrás, produciendo el empuje que permite al avión avanzar.


